-Bueno, pasaban las horas y los discos sonantes, y las cadenas de pensamientos encadenados, y pensamientos en tonos mates propios de unocualquiera. Pasaba una vida y a quien le importa pienso yo, que sé que no me importa pasar la vida llendo de un lado a otro de mi cabeza y habitación, espacio de meditación.
Y pasaron los meses entre paredes y empezé a comerme la pared con la cabeza, digo la cabeza con la pared como que mi pared se comía una cabeza cada vez más ajena. Y los enchufes eran las únicas ventanas. Y yo me hacía un espacio marcado por los muros de mi alrededor y la puerta, mientras me comía mi vida. Y mis amigos ya no me habitan o viven en sus cuartos, y yo, pura cal atrapada no tengo más que aire desgastado.
Paso la vida y pienso yo en mi cuerpo, que ya no soy ni es. Soy un extraño perdido; soy mi vida en un espacio ilegible. Estoy dentro o fuera de algo que ya no logro distinguir pero nadie llama a mi puerta porque la verdad no es una puerta sobresaliente y así, uno no puede caer simpático. Envidio las buenas puertas macizas; muchas están ahí, sin gente dentro, publicitando esos vacíos...
Y así pasen los años: emparedado; como si hubiera aquí un buen barril de Amontillado, o una buena relación universal de esa que llaman cosmótica. Tengo lo que necesito porque he olvidado lo demás. No puedo sentir fuera de esa puerta sólo veo lagartos caminando en mis paredes tras las fotos de lo que era antes de mudar mi piel, somos iguales, soy un lagarto gigante.-
no pasaba nada para nadie.
Y pasaron los meses entre paredes y empezé a comerme la pared con la cabeza, digo la cabeza con la pared como que mi pared se comía una cabeza cada vez más ajena. Y los enchufes eran las únicas ventanas. Y yo me hacía un espacio marcado por los muros de mi alrededor y la puerta, mientras me comía mi vida. Y mis amigos ya no me habitan o viven en sus cuartos, y yo, pura cal atrapada no tengo más que aire desgastado.
Paso la vida y pienso yo en mi cuerpo, que ya no soy ni es. Soy un extraño perdido; soy mi vida en un espacio ilegible. Estoy dentro o fuera de algo que ya no logro distinguir pero nadie llama a mi puerta porque la verdad no es una puerta sobresaliente y así, uno no puede caer simpático. Envidio las buenas puertas macizas; muchas están ahí, sin gente dentro, publicitando esos vacíos...
Y así pasen los años: emparedado; como si hubiera aquí un buen barril de Amontillado, o una buena relación universal de esa que llaman cosmótica. Tengo lo que necesito porque he olvidado lo demás. No puedo sentir fuera de esa puerta sólo veo lagartos caminando en mis paredes tras las fotos de lo que era antes de mudar mi piel, somos iguales, soy un lagarto gigante.-
no pasaba nada para nadie.
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