domingo, 20 de junio de 2010
De los libros y Borges
Me tenías ya bien agarrado, por el cuello y tu sonrisa. Me tenías ya para vos, para tus labios, y entonces...
Le nombraste.
Al anciano,
cegado ya, y me encendiste,
para quemarme con el mundo,
y me llevaste a Buenos Aires.
y me llevaste de la mano.
Y había un ciego caminando,
que desnudando al callejón,
lo narraba;
y yo escuchándote
quería narrarte a ti
mientras me hablabas.
Y soñé con verte más tarde
y con Borges que pintaba,
y te vi en mi sueño escrito
con letras curvas y dibujadas,
y te leí en un recital
letra a letra,
palabra a palabra.
Y desnuda como estabas,
al albor de la mañana
me despertaste de mi ensueño,
y volví a leer tu cuerpo
como Borges me enseñara;
como un tango sin letra,
como un poema sin engaños
sin arrabal,
donde vivir y vivir;
un jardín onírico
e infinito
para pasar los años.
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