En las manos del jardinero
se creaban las futuras pasiones
de desconocidos;
cinco ramas divertidas
caminates de "q" a "m"
bailaban sumas propias de siginificado
llenas de mariposas y vinos rosas
y violines afilados,
vertiendo humanidad jugosa
y maloliente, amorosa.
Riendo siempre consciente,
el buen jardinero,
de que su amor era vicio
y su brazos altavoz
donde volcar los tragos
de ese humano sin perdón.
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