La chica guiñaba el le ojo al tramposo cuando debía ir hasta el final. Sufríamos al ganador en solitario. Hasta que vi lo que ocurría y decidí cambiar las cosas. Entre amigos eso no se hace, por ello, decidí que ya no era mi amigo. Volvió a ocurrir; yo, que soy un poco temperamental, puse mi revólver 45 cargado sobre la mesa. Pero no entendió la seña, el guiñito de mi 45, y volvió a intentarlo. En parte comprendo lo de tratar hacerlo. Yo soy más rápido que un guiño. Además sólo podía guiñar con un ojo, y debía girar la cara para intentarlo. Era un poco parecido a un guiño, un agujero junto al ojo abierto. Mi contrincante me pidió perdón, me decía que lo siento y todo eso. Iba a matarlo; pero soy un poco cobarde para matar a viejos amigos, y bueno, yo también había hecho trampas. Le perdoné la vida. Le gané la partida.
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