sábado, 7 de febrero de 2009

Soñado en (una iglesia de) Edimburgo

«La religión es el suspiro del oprimido, el corazón de un mundo insensible, el alma de situaciones desalmadas.» (Karl Marx. Collected papers [1844]).


El chico, de apenas cuatro años y evidentemente superdotado, levantó la cabeza al sol y dijo con arrogancia y seguridad que ni los fósiles sobrevivirían, que no había mayor falsedad que la inmortalidad como concepto y que no tenía ni sentido ni valor como idea.
Caminaban borrosos con la arena entre los dedos, mojando sus pies y togas entre las olas, con la luz al frente, debatiendo retóricamente el porqué de las ideas y su relación con lo real. Creían en la verdad como un yonqui cree en su futuro, y se apoyaban en las palabras para construir un mundo inteligente.
El Señor Científico, acariciaba su barba y declinaba. -El porqué de las creencias en el infinito están por encima de la razón. Es difícil ejemplificar; es necesario sentir.-
Entre las aguas se desliza ágilmente una colosal serpiente enviada por el propio Poseidón, seguramente; muy veloz muerde al chico y lo arrastra mar adentro. Ha sido todo en unos segundos, no hay escape ni acción posible ante la eficacia del monstruo. Se acabó para el chico. El científico, en su dolor se resiente, sufre y llora. Sin motivo, posibilidad o razón corre a salvarle. Me recuerda a un perro que no consigue aceptar la muerte de uno de sus cachorros. El corazón congelando la mente y los muros en pie para ocultar el suelo.

El ciclo se completa normalmente y una vida joven es tristemente digerida. El cielo y el mar me miran y no tengo mas que asentir a lo que parece ser parte de la estupidez humana.





0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada